El síndrome de una vida sin propósito.

En el deporte (como en la vida) hay algo más peligroso que una lesión física: sentir que tu vida está vacía.

No siempre se trata de depresión, sino de falta de sentido. De no tener un “para qué” cada mañana.

Cuando un deportista pierde su propósito, puede entrenar, competir y hasta ganar, pero por dentro, algo se apaga.

Porque no se trata solo de correr más rápido, levantar más peso o anotar más puntos.

Se trata de saber por qué lo haces. ¿Qué te mueve? ¿Qué te enciende el alma cuando el cuerpo está cansado?

Los grandes atletas no se levantan cada día solo por un trofeo; se levantan por una razón.

Por un sueño, por un mensaje, por alguien que creen en ellos.

Y eso marca la diferencia cuando llega la presión, cuando duele el cuerpo o cuando parece que nada sale bien.

La felicidad, en el fondo, no está en la meta, sino en cómo vives el proceso.

Es convertir tu vida (y tu carrera deportiva) en una pequeña obra de arte, donde cada día aportas un trazo nuevo, un esfuerzo más, una mejor versión de ti.

Porque mientras tengas un “por qué” levantarte cada día, tu vida (y tu rendimiento) tienen sentido.

Y cuando tu propósito está claro, la motivación deja de depender del resultado: nace de adentro.

Así que te pregunto como entrenador en una sesión de coaching:

¿Ya descubriste tu motivo real para entrenar, competir y seguir creciendo?

Porque cuando lo encuentras, el cansancio pesa menos, y el corazón juega más fuerte.

Comentarios